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2012/06/29 Encuentros en el parque


VI CONGRESO ANUAL FLAPPSIP XXVI SIMPOSIUM AEAPG
“La Práctica Psicoanalítica Diversidad de Intervenciones y Contextos”
Buenos Aires, 28-29-30 Junio de 2012 

El parque, la plaza, la alameda, el malecón… han sido siempre lugares de esparcimiento y de encuentro, de recuerdos infantiles, de citas y amoríos, el lugar siempre accesible, siempre dispuesto para ser visitado… desde la primavera hasta el invierno de nuestras vidas.

Unos más, otros menos, los parques suelen ser emblemáticos, conmemorar a algún personaje o acontecimiento. Suelen reflejar el espíritu de una colectividad, los cuidados de la belleza natural o las artes. Muchas veces honran la memoria de algún personaje paradigmático, plasmado en un busto o monumento que les presta su nombre y ejemplo.

La limpieza, los cuidados, la armonía coherente del entorno, nos hablan de un perfil que tal vez no requiera mayor definición y que nos invita a dejarnos acoger, a formar parte memorable de un instante de su historia y, quizás, a tomarlos como marco de nuestra propia historia.

Para los psicoterapeutas es posible que el parque sea un contrapunto necesario a su cotidianeidad -tan circunscrita a los espacios del consultorio- las más de las veces inmersos, quizás demasiado, en el “mundo interior” de sí mismos y de sus pacientes. Suele ser que esa “otra realidad”, la de la calle, la del país, la del mundo, esté a distancia del escenario psicoterapéutico. Ni qué decir de la naturaleza, de la luz del sol, de los árboles, de las flores, del frío, del calor; o, de la gente al caminar, de sus rostros, de sus miradas; del canto y de los gritos de la calle, del alegre juego de los niños…; y, también, de aquellos otros que nos muestran sin tapujos sus carencias…; de todo aquello que transita por el parque…. en el que solemos no estar.

Así como lugar de tránsito y de esparcimiento, el parque es también un lugar de encuentro. Desde esta perspectiva, quisiera referirme a una experiencia que ha venido repitiendo el Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima, hasta en cuatro oportunidades, en parques de nuestra remozada Lima.

En sus casi 29 años de fundada, nuestra institución se ha caracterizado por enraizar en lo profundo del quehacer psicoterapéutico psicoanalítico propiamente dicho, generando creativamente instrumentos que permitan llegar a la gran mayoría de nuestra población, sabiendo que gran parte de ésta no tiene ninguna opción para llevar a cabo una psicoterapia psicoanalítica en el sentido tradicional.

Casi desde la fundación del Centro, los talentos de Fernando Maestre nos permitieron ingresar en el mundo de la comunicación radial. Aún me resulta fascinante comprobar cómo, en un lapso muy breve, la magia de la comunicación interactiva deja huella en la audiencia. A partir de una secuencia que parte de la presentación de un tema, de su ubicación como problema, de intentos analíticos de entenderlo y de la propuesta de posibilidades para lidiar con éste, la gente se ve estimulada a dar su propio testimonio, tanto de padecimiento como de resolución, generándose un espacio compartido, una sinergia que, de por sí, nos hace sentir que somos parte de ello; que, de pronto los abismos y las distancias se borran y es posible ser escuchados, atendidos y bien tratados. La prosodia del conductor es melodía para su audiencia, una melodía curativa, por cierto.

En esas canteras, con Maestre de maestro, desarrollamos una larga y estimulante experiencia, de donde surgieron complementos, como la creación de nuestro servicio de proyección social, el desarrollo de charlas interactivas en vivo, talleres vivenciales, cine forum, trabajo grupal en zonas marginales, etc.

En algún momento, luego de una experiencia de atención “en carpa” en el distrito de Comas, zona de mediana pobreza, nos quedó el deseo de repetir esta actividad “a lo grande”, involucrando a toda la institución, con cien terapeutas en la calle (en el parque) atendiendo a quien se acercara a solicitarlo.
Diseñamos las ofertas básicas posibles: evaluaciones, consulta personal, consulta de pareja, de familia, talleres, charlas, coloquios, psicodrama, actividades para niños y un encuentro interactivo en vivo del programa radial de Fernando Maestre. Luego, le propusimos esta idea al alcalde de Miraflores, nuestro distrito. Bien acogidos y con un generoso apoyo, nos abocamos a la tarea. Titulamos la experiencia “El día de la consulta”, proponiendo un sábado del mes de julio, de 1 de la tarde a 7 de la noche, como espacio para llevarla a cabo. Corría el año 2006 y Alan García acababa de ganar las elecciones con el aura del “mal menor”. Sombras de incertidumbre oscurecían el horizonte nacional.

Los contactos, las coordinaciones y la conformación del equipo base chocaron, al principio, con cierto escepticismo y dudas de lo que podría hacerse. La gran mayoría de los terapeutas formados en la institución no habían vivido la experiencia de la radio o descreían sus alcances. El modelo analítico de terapia de largo aliento prevalecía (y prevalece) en las preferencias, frente a formas de intervención breve, más aún ante esta convocatoria a trabajar con una suerte de “terapia fugaz”, para muy pocos confiable o considerada como “no seria” por la mayoría.

Fue más fácil organizar los equipos de evaluación psicológica y los de charlas, talleres y demás. El personal administrativo, como siempre entusiasta, participó en cada uno de los detalles de la organización y sostenimiento logístico; y, llegado el día, fue un gran encuentro. De esos que calan hondo en la memoria, que nos dejan espacio para el orgullo y que justifican cualquier esfuerzo en la búsqueda del bien común…En realidad, se trató de un múltiple encuentro.

En primer lugar, se trató de un encuentro entre nosotros mismos. La concurrencia de psiquiatras, psicoterapeutas, alumnos de nuestra escuela, internos de psicología, directivos y profesores, sostenidos por la eficiencia de nuestro afiatado personal administrativo, sobrepasó las expectativas.
Como el camino se hace al andar, la inmensa demanda de atención, que cuadruplicó nuestra expectativa más optimista, llevó a que el equipo terapéutico se adaptara a limitaciones de espacio. Había que trabajar en condiciones parecidas a las de un servicio de emergencias en medio de una catástrofe. La diferencia era que no había tal catástrofe, más bien se podía sentir una mística que hacía que cada quien se multiplicara en su entrega, en la medida de sus posibilidades… y mucho más. Por ejemplo, algunos terapeutas que se habían comprometido a atender sólo un par de horas se quedaron trabajando hasta el final del evento, mucho más allá de las siete de la noche.

La atención fluía en sus diferentes modalidades. La larga cola de personas en espera de atención tuvo la oportunidad de encontrar alivio al ser invitadas a participar en el programa radial en vivo, en el auditorio de la municipalidad. Este encuentro tuvo la virtud de motivarlos aún más para la consulta que, inmediatamente después del programa, iban a tener con nuestro equipo.

Al final de la jornada, el sentimiento general era de euforia, esa emoción que nos lleva a abrazarnos, a querer “continuarla”, a desear repetir la experiencia a la brevedad. Estábamos embargados por ese especial sentimiento colectivo que reafirma la pertenencia, la sensación de ser parte de la institución, de sentir que podemos plantearnos retos como éste y salir airosos.

Este encuentro permitió, también, a muchos de los participantes primerizos y a los alumnos de la Escuela, comprobar por sí mismos que este abordaje, tan limitado en tiempo, daba la oportunidad de alguna respuesta orientadora para la solución del motivo de consulta o, si no, la posibilidad de ayudar a la persona a darse cuenta de que requería una consulta profesional más larga para precisar la prescripción del tratamiento necesario. Hacer esto, vivir esta experiencia particular, les hubiera sido imposible a los alumnos sin el sostenimiento del trabajo en equipo, donde el espíritu y la mística lograron atenuar los temores propios de la inexperiencia.

Éste fue, también, un encuentro en el parque con Fernando Maestre y su espacio, con su estilo, con la magia de la radio y la gran convocatoria que ha cultivado a lo largo de los años. Fue un encuentro con su generosidad, siempre dispuesta para con el Centro y con la gente que lo sigue, que ve en él reflejada la esperanza del buen trato, de la palabra amable y sencilla, nada ampulosa ni sofisticada, siempre accesible, como lo es él. El apoyo radial fue de mucha ayuda. Sin embargo, ha sido igualmente importante el haber desarrollado en todos estos años actividades diversas de gama terapéutica “de frontera”, que nos permitieron ofrecer variables a estas más de mil personas que recibieron atención aquella tarde.

Cuestión aparte en este encuentro fue la oportunidad de compartir con él la temática a tratar en el programa radial y participar en la construcción de las respuestas de manera lúdica, jugando entre nosotros ante el público, sostenidos por la posibilidad de “leernos” con facilidad, en fecundo complemento amical, a la vez irreverente y serio.

El otro gran encuentro en el parque fue sin duda con el público, con la gente que en algún momento llegó a desbordar nuestras posibilidades y a la cual, sin embargo, se logró, improvisando actividades, dar alguna forma de atención. Algunas personas habían viajado desde provincias con la ilusión de encontrarse en directo con Fernando Maestre y, por tanto, hacer su consulta tenía visos de especial trascendencia (y un alto tenor de transferencia), con posibilidades no tan simples de aceptar al sustituto de su equipo. De cualquier manera, pudieron constatar que había allí gente como él, dispuesta a prestarles atención con interés y permitirles recoger alguna palabra de aliento.

Hicimos todo lo posible por dar cobertura a los que asistieron. Dado que eran tantos, se improvisaron actividades in situ, como talleres y charlas en los consultorios ad hoc… y fuera de ellos. Fue así que, en medio de una llovizna impertinente, nos encontramos, ya de noche y en penumbra, haciendo consultas grupales en medio de la calle, intentando tejer respuestas a las consultas más urgentes de “los últimos de la cola”.

Otro encuentro, que saboreamos en la oportunidad, fue con las autoridades municipales de Miraflores, quienes no sólo acogieron la iniciativa sino que prestaron la concurrencia de su equipo médico y un amplio apoyo material y logístico. Además, el personal de seguridad de la municipalidad, contribuyó a que todo transcurriera en orden. De forma natural, este encuentro generó una alianza estratégica con el municipio, lo que ha facilitado el posterior desarrollo de la experiencia en los mismos predios. Aquella primera vez, el alcalde en persona hizo su ronda, de observación y control, durante el desarrollo de las actividades, siendo calurosamente aplaudido, en especial por los visitantes de los distritos de menores recursos que se habían beneficiado con la experiencia


Metodología


En la entrada, un grupo de psicoterapeutas realizaron una suerte de triaje, orientando al público hacia los distintos consultorios, ya fueran de psicoterapia, de psiquiatría, de evaluación psicológica o de un trastorno específico, como las adicciones o el déficit de atención. Contamos con el apoyo entusiasta de especialistas de CEDRO y del Instituto de Neurociencias Aplicadas.


Utilizamos diversos recursos de abordaje: psicoterapia psicoanalítica de apoyo individual, de pareja, de familia y grupal. Hubo atención especializada para niños, adolescentes y adultos.

Los psiquiatras de nuestra institución participaron con gran entusiasmo en una jornada agotadora pero emocionalmente enriquecedora.

Parte del público se dirigió a la carpa donde los internos de psicología aplicaron diversas pruebas, como el Machover, el test desiderativo y los cuestionarios de Zung para detectar ansiedad y depresión. Luego de la devolución hecha por los internos, el público tenía la opción de pasar a un consultorio de psicoterapia o de psiquiatría.

Los estudiantes recién salidos del colegio o cursando los últimos años de secundaria, tuvieron la oportunidad de desarrollar una prueba de orientación vocacional.

Hubo grupos de psicodrama, exposiciones informativas sobre la infancia temprana, la niñez y la adolescencia. Los especialistas de CEDRO dieron charlas acerca de las adicciones y su prevención.
Se desarrollaron coloquios y talleres vivenciales sobre ansiedad, autoestima, depresión, problemas de pareja, formas de comunicación y de amar. Más allá de las siete de la noche, se improvisaron talleres para padres y para niños.

Además, con el grupo grande (250 a 300 personas) se hicieron dos charlas interactivas con el público, en emisión radial, sobre temáticas diversas relacionadas con la familia y la sexualidad, conducidas por los directivos de la institución. Detalle este último (que estuvieran los directivos, los “importantes”) que fue ponderado por los participantes con mucho reconocimiento y gratitud.
Finalmente, los niños de 5 a 10 años, tuvieron su propio espacio lúdico, bajo la atenta mirada de terapeutas de niños, que les propusieron distintas actividades y juegos.

Los espacios de difusión informativa, charlas interactivas, coloquios, se manejaron en un lenguaje sencillo, desde la esencia del pensamiento analítico pero amparado en todo momento por la resonancia vivencial de los participantes. Una gran movilización participativa daba calor de fragua a un entendimiento que, inferimos, les iba a dejar huella, eventualmente a comprender y/o a manejar mejor situaciones que les movilizaban conflictos o simplemente sufrimiento.

Nadie pensó demasiado en una teoría que nos definiera en el quehacer, quizás confiamos en principio en las bondades previamente experimentadas de intervenciones breves o en los modelos de “terapia de una sola vez”. La confianza provenía espontánea desde la experiencia institucional que ahora se atrevía a un “a ver qué pasa…” exploratorio, en este espacio “de frontera”, de por sí satisfactorio, tanto que no tardamos mucho en repetirlo.

Por cierto, no todos habían tenido la experiencia institucional, así es que hubo que implementar un espacio orientador en el quehacer de las terapias breves, dirigido a los alumnos nuevos y a todo aquel que requiriera mayores precisiones sobre el manejo de la situación. Se habló de “entrevista terapéutica”, de intervenciones de una sola vez, de trabajo en foco, en este caso sostenido en el motivo de consulta. La consigna en cuanto al tiempo fue de unos 20 minutos de duración, la que podía variar, de acuerdo a la experiencia del entrevistador.

Si bien muchos estudiantes noveles se mostraron escépticos al principio, luego de la experiencia pudieron reconocer lo inmensamente enriquecedor que había sido el participar en ella. Saliendo del marco usual de nuestra praxis, el trabajo “en las fronteras”, allí en el parque, encontraba un sentido, difícil de explicar, pero variado en consecuencias, que iban desde un apuntalamiento cognitivo hasta una profunda huella afectiva recogida desde lo actitudinal.

Esos rostros felices y agradecidos de la gente que concurrió y de los que luego nos visitaron en la consulta institucional, nos reafirmaron en que es una experiencia valiosa, un aporte a la comprensión, al entendimiento del quehacer psicoterapéutico analítico, cosa que, por cierto, venimos haciendo en la institución desde hace mucho tiempo, incluyendo intervenciones en crisis, como en el terremoto del 2010.

Trabajamos, pues, más desde el espíritu analítico y la creatividad terapéutica, movidos por ese anhelo de encuentro al que nos referimos al principio, ése que nos deja una sensación de logro, de unión, de mística, de pertenencia y, por qué no, de un inmenso orgullo.

1 comentario:

oscar maldonado dijo...

Bueno, con la misma emoción del 10, vamos ahora a dirigirnos a la plaza para buscar que quien quiere ser escuchado obtenga su deseo, el fruto de esa posibilidad es la constancia y dedicación de vários que han creído eso como posible, y que hoy, es una realidad, ya que en los últimos 30 años el centro y sus frutos, hijos acompañados de sus padres, puedan ir a la plaza a vacilarse, divertirse y ofrecer algo que sabemos es necesario. Que la plaza nos acoja.