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2006/08/12 Contratransferencia y Vínculo

Comentarios al trabajo de Eitan Gomberoff "Contratransferencia: ¿Obstáculo o Instrumento?"  Seminario "Nociones Centrales en la Técnica Psicoanalítica". Universidad de Lima, 12 de agosto de 2006


“Quien pide con temor invita a que lo rechacen”
(Proverbio chino)

“Quien no sepa sonreír, que no abra negocio”
(Otro proverbio chino)


Mientras preparaba mis comentarios, se me vinieron a la mente estas sentencias milenarias y decidí incluirlas, ya que es notorio que nos alertan sobre la importancia de los afectos que transmitimos en la relación con los demás. Los proverbios, los dichos, como sabemos, son expresión de la sabiduría de quien ha estado abierto a la observación de sí mismo y de los demás. Aplicando esto a nuestro quehacer, podríamos crear algunas sentencias derivadas, como: “quien no tenga empatía que no abra consultorio” o “quien no esté abierto a la contratransferencia que no ejerza el psicoanálisis”.

La resolución de la fantasmática transmitida o transferida, como la conocemos en psicoanálisis, se nos presenta a los psicoanalistas como un reto a la comprensión, donde uno de los vehículos más valiosos es precisamente lo que sentimos frente a los mensajes del paciente. Aquello que reverberamos en nosotros mismos, a partir de las expresiones de nuestros pacientes, permite orientar el sentido de nuestra respuesta. Por cierto, nuestra respuesta no será la del primer proverbio (“quien pide con temor invita a que lo rechacen”), ya que no se trata de reaccionar sino de comprender. En todo caso, sí necesitamos incluir la del segundo (“Quien no sepa sonreír, que no abra negocio”), en el sentido de poder conservar el buen humor y la calma.

Respecto a la interrogante propuesta en el título del trabajo de Eitan Gomberoff, es obvio que, desde una perspectiva simplista, la contratransferencia es instrumento y es obstáculo… todo depende de la accesibilidad y uso que hagamos de ella en el proceso de la cura.

Sin embargo, tal como nos lo muestra el autor, el tema resulta muy complejo a la hora de teorizar sobre su naturaleza y origen. Lo que sí queda claro es que nos la habremos de ver con ella (con la contratransferencia) de todas maneras en el proceso de la cura. Es indispensable que sea así dada la naturaleza fundamentalmente relacional del proceso analítico.

Nadie escapa, por tanto, a la necesidad de tomar en cuenta su contratransferencia a la hora de trabajar con pacientes en psicoterapia analítica. Nos es sumamente útil para comprender niveles ocultos de su trama afectiva, tanto como para detectar áreas de nuestra propia dinámica personal que se movilizan frente a la transferencia del paciente, lo que eventualmente perturba el proceso pero, las más de las veces, favorece el manejo resolutivo de la situación.

Esto, como han señalado diferentes autores, lleva a que el proceso analítico del paciente resulte, también, en distintos grados, una oportunidad de reanálisis para el mismo analista. Si se ha tenido un buen análisis, no habrá mayor dificultad de examinarse en el proceso con el paciente. El buen uso de la contratransferencia está garantizado. Pero, de todas maneras, cada tanto, por distintas circunstancias, volvemos a requerir de una supervisión o de una vuelta al diván para ajustar las tuercas de nuestra trama personal, en particular cuando se generan reiterados impasses en el trabajo con los pacientes.

Vale la pena mencionar aquí que, en todo trabajo de la díada transferencia – contratransferencia, la intensidad de las vivencias que se movilizan encuentra un importante contrapeso en la alianza terapéutica, la cual está dada por la relación empática entre terapeuta y paciente, a predominio de las mutuas posibilidades de mantener el sentido del encuentro que los convoca. La alianza terapéutica conlleva un esencial sentido de realidad, aunque no es excluyente de niveles inconscientes de participación, en particular en el ejercicio de aproximación de sus intimidades en la asociación libre y la atención flotante.

La diferencia entre alianza terapéutica y contratransferencia podría no distinguirse adecuadamente en la definición en sentido amplio que dan León y Bernardi, autores citados por nuestro presentador.

El trabajo de Eitan Gomberoff nos permite ubicarnos en el contexto de su interrogante: una evolución del concepto de contratransferencia que mantiene su condición de obstáculo, pero queda clarísimo que sólo lo es en la medida en que no pueda ser instrumentada adecuadamente por el analista. La interferencia contratransferencial conlleva siempre la oportunidad para resolverla, aunque la solución, a veces, requiere que el analista esté dispuesto a no inhibir su reconocimiento o expresión, incluso a contramano de las sugerencias técnicas habituales a las que adscribe. Por ejemplo, el reconocimiento oportuno de una emergencia afectiva sentida por el analista y captada por el paciente.

Tengamos en cuenta, por otro lado, que el Freud que nos advierte sobre el peligro de la contratransferencia es el mismo que, en 1913, nos dice: “El primer fin del tratamiento es siempre ligar al paciente a la cura y a la persona del médico. Para ello no hay más que dejarle tiempo. Si le demostramos un serio interés, apartamos cuidadosamente las primeras resistencias y evitamos ciertas torpezas posibles, el paciente establece enseguida, espontáneamente, tal enlace” (Freud 1913, BN, vol. V. p.1671-2).

No hay duda, a la luz de las más recientes investigaciones, que el proceso terapéutico más efectivo pasa por la calidad del vínculo que logren paciente y terapeuta. La calidad vincular aludida tendrá que ver con el interés del que nos habla Freud, al que se suma, a mi entender, una disposición empática que involucra respeto y reconocimiento por el paciente. El analista tendrá como mejor aliado para lograr esta disposición el poner a distancia de este encuentro cualquier prejuicio personal, teórico o técnico. Cada paciente supone una trama vincular absolutamente diferente y sólo en el desarrollo del vínculo iremos descubriendo su peculiaridad.

Los autores citados por Eitan Gomberoff nos muestran, de manera magistral, el valor y la trascendencia del aporte kleiniano, en particular en lo que respecta a la identificación proyectiva, máximo reto en la instrumentación de la contratransferencia, tema prolijamente examinado por Greenberg.

En mi trabajo personal y en las supervisiones de colegas, me resulta particularmente útil el enfoque de Racker de una contratransferencia concordante y una complementaria. Creo, al respecto, que lo importante es que podamos oscilar elásticamente entre una y otra disposición. Esto supone poder identificarnos y desidentificarnos operativamente con el paciente o con sus objetos. Creo que ésta es la manera de ir procesando una elaboración de las relaciones objetales en el espacio psíquico interno, fortaleciéndolo en la experiencia vincular con el analista.

Para quienes están comenzando el trabajo de observación de su contratransferencia, encuentro oportuno compartir algunas sugerencias de Menninger y Holzman (1973) , quienes agrupan algunos indicadores de contratransferencia que podrían interferir con la terapia:
- Descuido del encuadre
- Somnolencia durante la atención del paciente
- Tendencia a pedirle favores al paciente
- Tratar de ayudar al paciente extra terapéuticamente
- Discutir con el paciente
- Cultivar la dependencia del paciente
- Tratar de impresionar al paciente o a colegas con el caso
- Poner demasiado interés en el caso
- Fomentar la resistencia del paciente

Estos mismos autores señalan que:
- Hay que estar atento ante la presencia de la contratransferencia, reconociendo sus fallas y aplicaciones
- Reconocer las manifestaciones de una contratransferencia perturbadora
- Al ser conscientes de la contratransferencia, hacer un repaso de la situación analítica, con el paciente, tratando de identificar los actos y/o palabras del paciente que desencadenaron esta reacción en nosotros
- No hacer una introspección tan grande sobre la propia contratransferencia de modo que se pierda de vista al paciente.

Gayó y Bustos nos dicen que, si bien las recomendaciones que se puedan hacer al terapeuta son muchas, no hay que olvidar que éste es un ser humano que, al igual que sus pacientes, tiene inconsciente y deseos infantiles. No resulta, entonces, realista creer que todo terapeuta es un súper hombre o una súper mujer que puede manejar con total facilidad la transferencia negativa del paciente y ser capaz de brindarle amor y mantener siempre una contratransferencia positiva, en particular cuando el paciente lo agrede continuamente.

La solidez vincular enriquece la confianza mutua y la alianza en torno al objetivo. Esto sostiene la díada funcional de asociación libre y atención flotante, que son las puertas del arcón de las sorpresas que surgirán con las vestiduras transferenciales y contratransferenciales. Las posibles interferencias a este acuerdo básico, encontrarán a los protagonistas en una mutua colaboración en la tarea de resolverlos. Esa es la labor más delicada y la que, a la larga, lleva al cambio.

La trama así elaborada irá enriqueciendo la alianza terapéutica tanto como el mundo interior del paciente al punto de poder desarrollar una consistente auto observación sostenedora, no conflictiva y útil para una vida en plenitud, con capacidad para promover resonancias afectivas sintónicas con su entorno valorado.

A manera de complemento, quiero compartir una viñeta personal y algunas ideas sobre la contratransferencia desde el punto de vista de Winnicott.

La viñeta personal guarda relación con la contratransferencia en mi primera experiencia como paciente, en las épocas en que aún estudiaba medicina.

Estaba muy afectado por la muerte de mi padre y visité varios consultorios de psiquiatras y psicoterapeutas, quienes me hicieron conocer las bondades de los psicofármacos, de los ejercicios respiratorios y alguna que otra medida de apoyo que apostaba a la elaboración natural del duelo. Si en algo me ayudaron, sentía que faltaba mucho más. Es así que, poco tiempo después, tomé contacto con un psicoterapeuta psicoanalítico, que era una maravilla en el manejo de la teoría… ¡Lucía tan generoso!... Nos prestaba sus libros, siempre daba más tiempo en sus seminarios privados, (de los que me convertí en un infaltable asistente).

Lo idealicé a rabiar, no tardando en pedirle que me tome en terapia. Con ello, inicié mi primer proceso personal de corte analítico, que se extendió a lo largo de 4 años y medio.

Entre la idealización del terapeuta y del recurso terapéutico, me empecé a sentir encaminado: ¡esa era la vía! ¡empezaba a ver la luz! Notaba, sin embargo, que en los seminarios, a los que seguía asistiendo, mis intervenciones eran permanentemente exaltadas por mi terapeuta, extendiendo hasta la brillantez cualquier cosa que pudiera decir. Empecé a recibir invitaciones de su parte para ir juntos al estadio a ver el fútbol, para escuchar música, trabajar juntos, supervisar, etc.

En algún momento,las invitaciones saturaron mi disposición. Era una época de muchos amigos, chicas y juerga, a la vez que de compromisos estudiantiles.

Mi terapeuta sistemáticamente evadía el reconocimiento de mi agresión, se afincaba en la idealización que de él había hecho inicialmente e insistía en llenar el vacío que había dejado mi padre.

Empecé a sentir que se habían invertido las cosas y que ahora yo era su hijo idealizado; temía fallarle y, a la vez, rechazaba la creciente invasión de mis espacios personales. Sus sutiles y no tan sutiles manipulaciones culposas incrementaron mi sentimiento de rechazo, hasta que decidimos cortar el vínculo. A todas luces se trataba de una contratransferencia complementaria, sumada a una transferencia cruzada que nos había llevado a un punto de desencuentro irreversible, a una inversión del objetivo de la terapia.

Esta situación podría haber dado lugar a una explotación de la dependencia idealizadora. Felizmente, pude dar un paso al costado y hasta beneficiarme de la experiencia. Uno de los grandes riesgos en el manejo inadecuado de la contratransferencia se presenta cuando el analista introduce núcleos no resueltos de su propia problemática personal.

En mi caso, posteriormente retomé mi proceso analítico con otros analistas, a la par que se fue dando una atenuación significativa de mi ingenuidad.

Por último, quería comentar que Winnicott relaciona la contratransferencia con los rasgos neuróticos que malogran la actitud profesional y perturban el curso del proceso, tal como lo requeriría el paciente.

Por otro lado, en más de un trabajo, Winnicott señala que en pacientes con patologías severas (de naturaleza psicótica) el trámite de la cura tendrá que pasar por una regresión a niveles de dependencia absoluta, que incluyen la experiencia de fusión con el paciente, al punto de requerirnos el protagonizar elementos propios de sus necesidades yoicas y objetales.

Para terminar, quiero agradecer a los organizadores de este encuentro y felicitar a Eitan Gomberoff por su excelente ponencia, la misma que ha suscitado, a manera de una saludable contratransferencia, el que podamos involucrarnos en el tema y el deseo de que haya servido para enriquecer la apertura a seguir pensando y tratando de entender las complejidades del vínculo terapéutico.


Bibliografía

Gayó, Rosa… Bustos, Claudio… Transferencia y Contratranferencia. Chile, Universidad de Concepción, Marzo, 2001.

Jiménez, Juan Pablo… “El vínculo, las intervenciones técnicas y el cambio terapéutico en terapia psicoanalítica”. En: Revista de Psicoanálisis. Aperturas Psicoanalíticas Hacia Modelos Integradores. Barcelona, Julio 2005 - No.20

Jiménez, Juan Pablo… “La investigación empírica apoya una técnica psicoanalítica relacional y flexible”. En: Revista de Psicoanálisis. Aperturas Psicoanalíticas Hacia Modelos Integradores. Barcelona, Diciembre 2005 - No.21.

Menninger, K. y Holzman, P. ... Teoría de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires, Editorial Psique, 1973.

Winnicott, Donald… Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos Aires, Editorial Paidós, 1993.

1 comentario:

Natalia dijo...

Me encantó encontrar este artículo, como estudiante psi me posibilita ver de manera mas realista este tipo de situaciones y como paciente me supo acompañar en un momento muy particular.