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miércoles

2000/09/11 Una alternativa de terapia breve con grupos grandes. Entre lo preventivo y lo terapéutico.

I Congreso Latinoamericano de FLAPPSIP “Pensamiento Psicoanalítico en Latinoamérica.  Conflicto y Cultura”.  Chile, 10, 11 y 12 de setiembre del 2000


Como extensión de la participación en programas radiales sobre temas psicológicos, en los que se daba consulta telefónica en directo, creamos un programa de talleres en los que pudieran participar, entre otros, aquellos radioescuchas necesitados de mayor información o que desearan hacer alguna consulta sobre problemas específicos de la patología mental o cotidiana.

En esta experiencia, nos alentaban los testimonios de diversos grados de beneficio obtenidos por personas que habían escuchado nuestros programas radiales. En algunas charlas previas, realizadas con este mismo público, notábamos, además, que mostraban una gran avidez por ser escuchados y por encontrar algo así como “respuestas-guía”, para resolver las cosas por sí mismos.

Como quiera que el contacto radial es de una sola vez, nos propusimos verificar hasta qué punto también una experiencia de encuentro de tipo taller, de una sola vez, podría dar resultados que aporten a la mejoría de los concurrentes. Se buscaba trabajar con grupos de 50 a 60 personas cada vez.

Como telón de fondo de esta experiencia está la inmensa población de nuestro país que no tiene posibilidades de acceder a un tratamiento especializado.  A las dificultades en tiempo y dinero podrían sumarse las bajas motivaciones respecto a los tratamientos prolongados, que se registran incluso a nivel mundial.


Argumentos de trabajo:

Las personas con alta disposición para la cura muchas veces obtienen importantes beneficios tan sólo a partir de algún apoyo y guía para resolver sus problemas. Una mejor comprensión de lo que los aqueja puede ayudarlos a encaminarse hacia soluciones. Eventualmente, estas soluciones provendrán de la ayuda especializada.  En aquéllos en quienes la inquietud es enriquecer su comprensión de sí mismos y  mejorar sus relaciones con los demás, encontramos que la experiencia de talleres aporta recursos utilizables en la prevención y  en el mejor enfrentamiento de las crisis de la vida.

El encuentro de alternativas de entendimiento y búsqueda de soluciones presta herramientas para enfrentarse a la vida.  Las personas cuentan con recursos personales sanos que no siempre conocen y que se pueden incentivar o valorar en justa medida.  La exposición sencilla y clara del problema les permite aliviar la sensación subjetiva de padecimiento o incertidumbre.  El ejercicio de auto observación y mejor comprensión del semejante resulta una invalorable herramienta para su evolución.

El acercamiento testimonial abre las puertas a la identificación expresiva y levanta las barreras del ocultamiento o vergüenza por el padecimiento.  La noción de auto ayuda transita en los encuentros, desde el simple aliento a la aproximación humana, horizontal y sincera, muchas veces ausente en sus mundos, hasta el compartir solidario de las experiencias de solución o la unión para encontrarlas, reforzando la necesidad de perseverancia para lograrlo.

El que sea una sola vez, apuesta al desempeño más autónomo del sujeto en la vida, en su mundo, o lo encamina hacia la búsqueda de una experiencia terapéutica más profunda.  En los encuentros testimoniales, las personas ponen en juego sus recursos terapéuticos al acercarse al semejante en disposición de ayuda.  La solidaridad en las dificultades no deja mucho espacio a las ganancias secundarias de la enfermedad si es que se da un manejo adecuado. Se aprende, además, a reconocer la diferencia entre una simple demanda de atención y un auténtico interés por encontrar soluciones.

El testimonio de muchos, que han enfrentado el problema y lo han resuelto y aún así concurren para “ayudarse ayudando”, es altamente motivador para la persistencia en la búsqueda.  De alguna manera, las personas toman conciencia de que no importa cuan difícil sea la situación, siempre es posible encontrar en ello un estímulo para superarse y ser mejores.

En resumen, tratamos de incentivar los niveles motivacionales y apuntalar los cognitivos en grados diferentes, de acuerdo a las posibilidades de cada caso, abriendo lugar para la comprensión de la influencia de lo inconsciente y del entrampamiento repetitivo en situaciones no resueltas.  La experiencia vivencial en pequeños grupos facilita distintos niveles de insight y de experiencia emocional correctiva.  Propugnamos la organización de grupos de autoayuda, el ejercicio de la comunicación y la búsqueda de soluciones concretas de problemas pendientes.  La idea de cambiar uno mismo sus pautas equivocadas recorre el trasfondo de las soluciones posibles.


Recursos Técnicos:

Se apela en conjunto a los  recursos propios de la psicoterapia de apoyo y a las fórmulas de la psicoterapia focalizada, en amalgama con los procedimientos del trabajo en grupo operativo.  Se trabaja principalmente sobre la base del “individuo en el grupo”.  El conjunto es lo que solemos llamar un “taller”.

El equipo conductor está formado por profesionales de alta, mediana y poca experiencia. Los de mayor experiencia tienen a su cargo la exposición temática y la conducción de los pequeños grupos; los de mediana experiencia son co-conductores; y, los menos experimentados se desempeñan como observadores no participantes, tomando nota de lo acontecido y transcribiendo el material para su ulterior análisis por el equipo.  Tanto la exposición inicial como la conducción de los grupos, grandes y pequeños, son manejados con un alto tenor empático.

En el trabajo en pequeños grupos, las intervenciones van desde la explicación orientadora hasta aproximaciones interpretativas, pasando por confrontaciones, intervenciones integrativas, reforzamiento de emergentes resolutivos, inhibición y desaliento de emergentes negativos (resistencias, pesimismo, ganancia secundaria, etc.). Hay una constante labor de facilitación y elaboración, que se va pivoteando con los contenidos de la charla inicial.  Se promueven el conocimiento de la causalidad, proveniente de factores de la realidad o del enfoque equivocado del problema, así como la observación de contenidos inconscientes fácilmente observables en el relato. La apelación al humor y la empatía pretende un clima informal y distendido, para una mejor comunicación.

En la mayoría de los talleres se utilizan encuestas y tests relacionados con los motivos de concurrencia.  El equipo redacta un reporte de los acontecimientos en cada grupo. En los últimos tiempos se utilizan grabaciones para una mejor precisión de los registros. Todo este material es usado para la supervisión conjunta de la tarea.

En tanto el grupo tiene la intención de investigar los resultados, nos propusimos un seguimiento de los concurrentes a seis meses del evento.  Esto no se pudo realizar como esperábamos, pues hubo dificultad para ubicar a los asistentes y los miembros del equipo saturaron sus  posibilidades de tiempo (tengamos en cuenta que estos grupos son de 50 o más personas) y la labor no tiene compensación económica.  Por tal motivo, desde hace cinco meses, apelamos a comprometer a los concurrentes a que asistan a un segundo taller sobre el mismo tema, seis meses después. Esperamos así poder abordarlos en conjunto y recoger datos de su evolución. La idea es observar si se han dado cambios estables a partir de la realización del taller.


Procedimiento:

Se trabaja de la manera siguiente:
1.    Exposición: escucha motivacional en grupo grande (40 min.).
2.    Participación testimonial-reflexiva en grupos operativos (60 a 75 min.).
3.    Encuentro de síntesis reflexivo-motivacional en grupo grande (30 min.).
4.    Elaboración de la experiencia (hallazgos y viñetas).

La convocatoria se hace principalmente desde la radio. Adicionalmente, se colocan afiches en nuestra institución, a donde concurren muchas personas que participan en las actividades que ofrece el Programa de Proyección Social del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima.  No hay selección de la concurrencia, salvo por la edad (no participan niños). Hemos llegado a tener como participantes a personas con trastornos severos (brote esquizofrénico, depresión severa, etc.), las que fueron acogidas sin problemas.  De cualquier manera (excepto en el taller de esquizofrenia), la idea es trabajar con personas “supuestamente sanas”, como aquéllas que nos escuchan por la radio y se motivan a concurrir.

Los temas abordados en los diferentes talleres han sido:
1.    Esquizofrenia (2)
2.    Depresión (3)
3.    Angustia (3)
4.    Autoestima (4)
5.    Resentimiento (1)
6.    Culpa (1)
7.    Amor (1)
8.    Trastornos Sexuales (1).

En la elección de los temas se tomó en cuenta las solicitudes recogidas en las encuestas hechas a los participantes.


1.    La exposición:

Se trata de mostrarles, lo más sencilla y didácticamente, de qué se trata la enfermedad o el problema que los convoca, de manera que puedan identificar rápidamente lo propio. Procuramos mantener un tono alegre y motivador, con ejemplos accesibles y alguna nota de humor. La idea es motivarlos para el trabajo testimonial en los pequeños grupos.


2.    Los grupos operativos:

Con el foco de la temática propuesta, se invita a los participantes, quienes forman grupos de un  máximo de doce personas, a que expongan las razones de su presencia allí.  El conductor mantiene una actividad permanente para facilitar la precisión del problema, partiendo de la situación actual y pasando por alguna razón de naturaleza causal (dificultades para elaborar la separación de los padres, inadecuado ejercicio de comunicación, duelos no resueltos, soluciones inadecuadas, etc.). Asimismo, favorece la interacción entre los participantes, apoyando la comunicación positiva y reforzando las áreas sanas o potenciales no relevadas suficientemente por el interesado.  El co-conductor colabora en la facilitación de la comprensión de los mensajes y en la labor de síntesis; eventualmente, interviene para destrabar algún entrampamiento que se pudiera producir entre el conductor y alguno de los participantes o con el grupo.  En todo momento, se busca mantener un clima cálido y de distensión.  Al final, se procura generar una reflexión, (algunas veces en forma de metáfora) que sintetice lo vivido en el encuentro.


3.    El encuentro de síntesis:

Luego de la interacción con los participantes en los grupos pequeños, se vuelve a reunir a los concurrentes, a quienes se invita a compartir, de manera espontánea, las síntesis de la experiencia de cada grupo. Este momento  es aprovechado por el equipo conductor para remarcar las pautas o sugerencias propicias para hallar las soluciones que el grupo vino a buscar. Se enfatiza en las motivaciones de los asistentes, apoyándolos en su búsqueda y abriéndoles posibilidades de otras modalidades, lugares, o espacios terapéuticos.


4.    Hallazgos y viñetas:

Una de las cosas que salta a la vista, desde el comienzo, es la gran participación de la gente, la cual responde masivamente a la convocatoria y luego, en los grupos, aporta amplia y adecuadamente con sus testimonios. Es notable ver como muchas de las personas, que han pasado por problemas y los han resuelto,  concurren para aportar su experiencia y, de alguna manera, seguir elaborando lo que alguna vez fue un obstáculo, en favor de un mayor desarrollo personal.

El primer taller que realizamos fue sobre esquizofrenia y a éste concurrieron pocas personas (13 para ser exactos). Dos de los asistentes ya tenían el diagnóstico de esquizofrenia y estaban en tratamiento, con evolución favorable; un tercero deseaba “aclarar” ciertos síntomas o manifestaciones (ideas de referencia, posibles alucinaciones, soliloquia, etc.); otras  personas venían por tener familiares que padecían el mal. En esa oportunidad, resaltó el aporte de una de las personas en tratamiento, el de una mujer joven que había concurrido con su hermana. De su relato se desprendía que había puesto mucho esfuerzo en superar un cuadro severo de desorganización, que recibía medicación y había asumido una actitud disciplinada frente a su tratamiento. La hermana mostró, en todo momento, un gran afecto y hasta admiración por sus esfuerzos, dando a conocer que esa era la actitud de la familia en general.  Como quiera que hubo relatos totalmente opuestos, de rechazos, negación de la enfermedad, maltratos y falta de consecuencia con los tratamientos, quedó totalmente en evidencia la importancia del afecto y la solidaridad familiares en estos difíciles trances, que surgen alrededor de la esquizofrenia.

En el seguimiento de uno de los casos, seis meses después, se nos relató que, a partir del mencionado taller, las relaciones familiares de otro paciente habían mejorado sustancialmente; la familia lo integraba ahora a la mesa, había un mejor control de la medicación y participaba en actividades con responsabilidad.  La familia reaccionaba con mejor oportunidad ante los indicios de una posible recaída, en particular ante sus tendencias a aislarse y replegarse sobre sí mismo.

En un segundo taller, un año más tarde, la concurrencia fue igualmente baja (a diferencia de los demás talleres). En esta oportunidad vinieron 14 personas, ninguna con diagnóstico explícito de esquizofrenia. (En estos dos talleres, dado el poco número de concurrentes, se trabajó en un solo grupo, con todo el equipo de trabajo). Una madre concurrió con su hijo, ya mayor, de unos 28 años, “para informarse”.  El resto de los concurrentes eran familiares y alguno que otro incierto “interesado”.  Al explayarse sobre su relación con la enfermedad, en algún momento se generó una situación tirante. En forma algo altisonante, el muchacho “de 28” se dirige al conductor para preguntarle, insistente, si la enfermedad se cura. Pese al tono tranquilizador con el que se le responde (o tal vez justamente por eso) se va alterando cada vez más, sin posibilidad de escuchar. La situación llega a un punto crítico en el que el conductor, arrinconado, se queda en silencio. Es entonces que  la co-conductora interviene de manera afable y, a la vez que le presta atención, favorece la intervención de los demás participantes.  La reunión continúa, volviendo cada tanto sobre nuestro participante con alguna explicación extensiva, integrándolo.  Al final de la reunión, el muchacho, visiblemente relajado, termina diciendo “entonces, es esquizofrenia lo que tengo”, “pero se puede tratar...”.  Antes  de retirarse, empezó a indagar respecto a las consultas que dan los profesionales de la institución.  La madre, que mostraba también dificultades para precisar la dimensión del problema, pudo, con el apoyo del grupo, no sólo esclarecerse sino también definir la conducta a seguir.

Un colega Psiquiatra de mucha experiencia, a quien invitamos a participar, nos comentó que él venía trabajando desde hacía mucho con grupos de pacientes esquizofrénicos y sus familiares. Encontraba que era sorprendente ver la respuesta que habíamos obtenido, tanto con el muchacho como con el grupo en general. A su entender, esto tendría que ver fundamentalmente con el estilo de conducción.

Como es de suponer tendríamos muchas viñetas que compartir, cada taller tiene muchísimas anécdotas y enseñanzas, por tal motivo hemos traído unas pocas que pueden resultar ilustrativas. En uno, sobre depresión, una mujer joven, de aspecto agradable pero de rostro serio, se quejaba de que nada le había ido bien en la vida.  Esto contrastaba con los detalles de su aspecto.  El conductor la presionó a contar alguna experiencia gratificante de su vida, frente a lo cuál, al principio se mostró renuente: “no hay nada...”, decía. Pero, de pronto recordó:”...cuando entré a la universidad... sí, la vida de la universidad...”, etc. Vimos que no lograba disfrutar por una sobreexigencia autoimpuesta y por dificultades para elaborar su salida del hogar familiar.  Algo en el orden del placer estaba inhibido y dependía de ella el darse cuenta de la dificultad para disfrutar de sus logros. Eventualmente, podría requerir ayuda y así lo entendió. Se retiró entusiasmada, con otro rostro... y tal vez con una distinta evolución. Para el grupo fue muy alentador este cambio de actitud, quizás porque parecía sincero.

En el primer taller sobre la angustia, una chica rápidamente quiere acaparar la atención. De manera singular cuenta sobre cómo desarrolla sus crisis.  Notamos que, a medida que va contando, va incrementando el dramatismo y el monto de angustia, con algo de histerismo.  De pronto, con un gesto dramático, el conductor dice: “¡corten...!” (como jugando a una filmación).  La chica, sorprendida, interrumpe su tránsito hacia el cuadro de angustia mayor.  El conductor le dice: “¿ves?... se puede parar... tienes que darte cuenta que es como manejar un auto:  pisas el acelerador o pisas el freno...”  Sorprendida, no le quedó otra alternativa que sonreír.  No sabemos si para ella, pero para el grupo quedó muy claro que existe una posibilidad alternativa, tanto para el manejo de la situación, como para su elaboración comprensiva, cosa que hicimos después con el grupo. Un reto mayor es encontrar la versión positiva del problema, la manera en que éste puede incluso llegar a enriquecer nuestras existencias.

No voy a abundar en más detalles, sólo uno, muy ilustrativo, de nuestro último taller. El tema fue “la Culpa”.  En el grupo final, el de síntesis, una chica de 18 años dice  “hoy vine aquí sin saber para nada que tenía un problema de culpa, que eso tiene que ver con la relación con mis padres, en especial con mi madre, que siempre me he tenido que hacer cargo de sus debilidades y que necesito hacerme cargo de mí misma, sin sentir culpa por eso...”.  Todos nos emocionamos  y la aplaudimos. Su decisión inmediata fue iniciar una terapia, la cual está comenzando en nuestro programa de proyección social, dado que no cuenta con recursos para una consulta privada.

¿Es un insight “verdadero”? ¿es allí donde comienza la cura? La toma de conciencia, ¿es el comienzo o el final? Desde el oficio en talleres podríamos decir que es el “inicio de un después”, en donde esperamos dejar una semilla para que algo desarrolle en sus vidas, para un mejor manejo, para un mejor control, para un crecimiento más firme, más acorde y sintónico consigo mismos. La idea no es tanto lo que nosotros pensamos; el asunto es que ellos puedan ser acompañados, aunque sea por un momento y con las limitaciones del caso, en un encuentro de experiencias, la nuestra y la de ellos, con la esperanza de que un resultado se haga viable. ¿Cuál? Nosotros, como grupo, creemos que vale la pena, que se obtienen resultados de diferente orden. La gente sigue viniendo y tenemos la sensación (y un poco más que la sensación), de que se logra algo, entre lo preventivo y lo terapéutico, y que eso es lo que ellos vienen a buscar.


BIBLIOGRAFÍA

Bach, George... (1954)  Psicoterapia Intensiva de Grupo.  Buenos Aires, Editorial Paidós, 1958.

Grinberg, León... Langer, Marie... Rodrigué, Emilio... (1957)  Psicoterapia del Grupo. Su enfoque psicoanalítico..  Buenos Aires, Editorial Paidós, 1961.

Hoyt, Michael... Rosenbaum, Robert... Talmon, Moshe... (1992)  Planned Single-Session Psychotherapy. En: Budman et al... The First Session in Brief Therapy.  Nueva York, The Guilford Press, 1992.

Kadis, Asya... Krasner, Jack... Winick, Charles... Foulkes, S.H.... (1963) Manual de Psicoterapia de Grupo. México, Fondo de Cultura Económica, 1969.

1999/11/20 Psicoterapia, radiofonía y talleres


Doctor Pedro Morales Paiva
Doctor Fernando Maestre Pagaza

Simposio de Abordajes Psicoterapéuticos
Buenos Aires, 20 de noviembre de 1999

 
Se trata de organizar y ejecutar un plan piloto de investigación que sintetice armónicamente nuestra experiencia, tanto en comunicación masiva radial como a través de charlas interactivas con un público participante,  convocado a llamar por teléfono durante la transmisión de los programas en la radio.  El espacio gira en torno a temas clínicos o de orientación terapéutica y constituye un intento de integración de técnicas grupales con intervenciones puntuales dirigidas al individuo en el grupo.

Podemos observar los crecientes resultados positivos obtenidos en la comunicación masiva a través de la radio, donde además de información expositiva se absuelven consultas telefónicas y se canalizan testimonios de vida en favor de una audiencia cautiva a lo largo de 10 años.

Por otra parte, la elección del sistema de trabajo en talleres nace del entusiasmo respecto a los alcances obtenidos en las experiencias en la radio. Los talleres se realizan tanto con pacientes como con un público interesado en temas relacionados con la salud mental. Es una experiencia inédita que lleva  ya seis meses en ejecución.

En general, en una y otra experiencia, tanto en los programas de radio como en los talleres, tratamos de incentivar la participación activa y la reflexión, haciendo hincapié en la auto-observación y en el hallazgo de las respuestas preexistentes en los mismos participantes.

Los resultados que observamos pueden llegar a entenderse como trascendiendo la sola dimensión informativo-preventiva.  Pueden concebirse, adicionalmente, como logros terapéuticos o generadores de dichos logros, teniendo en cuenta sus efectos a corto, mediano o largo plazo.

A partir de las experiencias mencionadas, hemos podido recoger, además, la palpitante realidad de la creciente avidez de un gran sector de nuestra población por conocer los secretos de la mente y de las relaciones humanas, en especial en lo que respecta a las relaciones familiares.

Entre quienes siguen asiduamente los programas de radio, muchas personas padecen de trastornos que no comprenden suficientemente o que manejan de manera inadecuada.  La gran mayoría no puede sostener un tratamiento por sus altos costos, por su falta de conocimientos o por otras limitaciones particulares.  Tienen, sin embargo, un gran arraigo en la fuerza de la fe, inmersa en la tradición oral, propia del pueblo peruano. 

Ciertamente, algunos no saben que lo que observan en el padecer de un familiar o lo que tienen ellos mismos es un trastorno psicológico o psiquiátrico.  Menos aún tienen conocimientos acerca de las causas y las posibilidades de resolver o simplemente de manejar mejor dichos problemas.
 
Es interesante observar, sin embargo, cómo, a través del diálogo abierto, de las explicaciones y los testimonios, estas personas van tejiendo una comprensión más profunda. Gente de escasa instrucción nos da muestras impresionantes de comprensión y resonancia, a veces con puntos de partida puramente intuitivos, a veces desde su sabia y sufrida experiencia de vida.

El procesamiento espontáneo de estos problemas humanos encuentra una dura barrera en la estructura social en la que vivimos. Esta nos muestra cotidianamente las huellas de profundas carencias, que se traducen en altos índices de drogadicción, de violencia, de quiebra de la estructura familiar, de desarraigo, de soledad, de depresión y de angustia. Todo esto es visto tan sólo como un subproducto natural no atendible, propio de una estructura orientada hacia el “exitismo” productivo, hacia la detención del poder y hacia la ostentación material, como expresiones de realización personal.

Todo ello promueve un gran sacrificio de valores elementales, en especial los de la solidaridad y de las básicas necesidades gregarias de comunicación, para enfrentar el difícil reto de existir “humanamente sanos”.

Como sociedad, cada vez ocupamos menos tiempo en reflexionar, solos o en compañía.  El diálogo suele enraizarse en objetivos materiales o superfluos, convirtiendo la vida en una especie de novela estereotipada y hueca en donde es difícil encontrarse como seres verdaderos.

Creemos, por ello, que se requiere de un espacio alternativo para todos aquéllos que lo necesitan, por salud o por enfermedad, o por el simple anhelo de vivir, de volver a encontrarse en la mirada de un otro, de escuchar y ser escuchados... En última instancia, por el apremio de ser reconocidos, sin lo cual no somos o no podemos ser.

En la búsqueda de ese espacio es que ubicamos nuestra investigación y propuesta de trabajo en talleres.  A través de estos pretendemos lograr lo siguiente:

·        Ampliar los conocimientos de los participantes acerca del “enfermar” y del “existir” para la vida. Tratamos de utilizar un lenguaje sencillo para lograr un entendimiento del funcionamiento psíquico.

·         Favorecer el que dicho conocimiento se refuerce con sus propios testimonios, en una experiencia compartida.

·         Ayudarlos a reconocer el valor de expresarse, de escuchar a otros, de registrar la experiencia de “repararse reparando”, ayudando a otros, promoviendo la solidaridad frente al problema común.

·     Generar el encuentro entre personas con problemas similares abriendo amplias posibilidades para el aprendizaje e identificación con modalidades alternativas de enfrentar las dificultades.

·    Trabajar con grupos grandes, de 50 a 60 personas, para tratar de atenuar el problema de costos.

·    Llevar a cabo un trabajo intensivo que, en un solo encuentro de dos horas y media, lleve a una participación muy activa y al uso de elaboraciones, confrontaciones y esclarecimientos focales dentro de los alcances propuestos.

·     Incentivar las motivaciones para enfrentar sus problemas, optimizando sus propios potenciales hacia los recursos terapéuticos que pudieran necesitar.

·      Favorecer la organización de grupos de autoayuda y variables de trabajo grupal con participación parcial o permanente de un profesional conductor.

·  Proporcionar pautas de trabajo que oscilan desde la orientación hasta las posibilidades de ensayar interpretaciones sobre contenidos latentes.

·  Buscar el fortalecimiento yoico a través de la experiencia grupal o del reconocimiento personal dentro  del grupo.

·      A la manera de un grupo operativo, reforzar las intervenciones de carácter positivo y morigerar las de tipo negativo. Para ello, es necesaria cierta habilidad y experiencia para ubicar rápidamente las diferencias entre los participantes.


Metodología de trabajo en los talleres

El proceso cursa por dos etapas. La primera es la convocatoria a través de la radio. En ésta, se desarrollan temas relacionados con la clínica o alguna forma de problemática de interés general. Muchas de las personas que escuchan el programa radial se quedan con el anhelo de participar más directamente y de poder contar con un espacio para recoger más información y poder explayarse testimonialmente. De allí surge la segunda etapa, que es el Taller.

El taller, a su vez, tiene tres momentos:         
·                    La primera parte es una exposición, sucinta y clara. Suele ser entonces cuando la gente se empieza a reconocer en la descripción sintomatológica y de allí empiezan a surgir preguntas.   Como también se habla de causas y tratamientos, los participantes tienen ya una cierta ubicación frente al problema al pasar al segundo momento de la experiencia.
·                    Esta segunda parte consiste en una división del grupo grande en 4 grupos más pequeños, conducidos por profesionales con experiencia clínica y con manejo grupal. En ésta surgen testimonios y preguntas que, procesadas con suficiente habilidad, permiten que cada uno de los participantes obtenga alguna respuesta respecto a su motivo de consulta.  
·                    En un tercer momento, se reúnen nuevamente todos los participantes y se realiza una síntesis, tratando de reforzar los logros de la experiencia y de ampliar las posibilidades de información y elaboración conjunta. Es allí donde se orienta adecuadamente a quienes requirieran tratamiento. También, se les entregan resúmenes escritos de los temas desarrollados.

Dado que existe la intención de estudiar los efectos del taller en la vida o en la enfermedad de los concurrentes, se les hace llenar fichas orientadas a registrar sus motivaciones y expectativas.

En algunos talleres se aplica tests (por ejemplo, el test de la depresión de Zung, el de la autoestima, etc.). Esto posibilita hacer mediciones a futuro para evaluar los resultados.

Por último, se maneja una encuesta sobre la evolución de la persona en tres diferentes áreas: comprensión de su enfermedad, relaciones con los demás y manejo del tratamiento.  Esta encuesta se aplica a los seis meses de haber participado en el taller.

Todos estos recaudos tienen la finalidad de rescatarnos del solo registro subjetivo para medir los logros, de los cuáles, por lo demás, estamos convencidos, lo cual es una ventaja y un riesgo a la vez ya que corremos el riesgo de perder objetividad.

La parte más compleja del trabajo en los talleres es la que corresponde a los grupos pequeños.  Constituye un reto difícil el configurar un foco individual sin distanciarse demasiado de las expectativas del grupo. Existe, sin embargo, una facilitación: la experiencia previa de conducción del programa radial prepara para el vínculo por identificación y solidaridad.

Si bien la gente asiste con una importante fantasía básica de dependencia, trae también una gran disposición a participar aportando su propia experiencia. Depende del equipo conductor el que se mantenga un cierto equilibrio, saliéndole al paso a las muestras de voracidad acaparadora que pudieran surgir en algunos participantes.

Si bien acogemos la imagen idealizada de conducción -lo cual permite el surgimiento de sus propios aspectos idealizados- con frecuencia se busca el establecimiento de una horizontalidad y, más aún, el relevar la presencia de las respuestas a sus problemas a partir de ellos mismos, frente a lo que somos solamente facilitadores.

Se trata de propugnar en ellos el desarrollo de sus propias capacidades terapéuticas mediante el fortalecimiento del Yo. Esto significa poder encontrar recursos cognitivos y afectivos que deriven en esquemas menos simples que la sola reacción al estímulo.


Ejemplos

En el programa radial en que se trata el tema de la angustia, se convoca a los oyentes a concurrir a un taller para seguir trabajando sobre ello.  En el taller, se les da una charla acerca de la angustia y se les entrega material escrito sobre el tema. Luego, se les divide y pasan a formar parte de un grupo más pequeño. 

En uno de estos grupos, una chica joven, durante su turno, nos habla acerca de sus problemas. Ella está llena de temores e inseguridades. Notamos, sin embargo, que tiende hacia el acaparamiento de la atención y que, poco a poco, va desarrollando un cuadro de ansiedad. Antes de que llegue al clímax del cuadro, el conductor la interrumpe, amable pero firmemente, y la confronta con que si sigue así va a terminar en un desborde de angustia. Luego, se le hace notar cómo, al ser interrumpida y haber podido escuchar la explicación tanto del conductor como de los participantes, ella se ha tranquilizado.  Se le explica a los demás que esto es posible (que se tranquilice), pero que a veces ocurre que uno se acopla al síntoma y ya no lo enfrenta porque se logra un efecto en el entorno, dificultando con ello la comprensión y posible solución de las causas. Los demás miembros del grupo se sienten alentados por la experiencia.

En un taller sobre esquizofrenia, una joven, que viene acompañada por su hermana, comparte con el grupo el testimonio de su recuperación, luego de haber estado hospitalizada y en tratamiento por largos años. Ella explica que su recuperación se ha debido a su perseverancia y respeto por los tratamientos (fármacos, psicoterapia y la participación en una Clínica de Día). La hermana se expresa de la paciente con cariño y muestra admiración por sus esfuerzos, así como alegría por su recuperación. Toda la familia parece tener la misma actitud. Esto permite relevar ante los demás concurrentes tanto los factores requeridos para el tratamiento como la importancia de la participación de la familia en el mismo.

Algunas personas vienen cuando están atravesando una crisis. Una  de ellas ha intentado suicidarse hace poco y se encuentra en una fase depresiva. Se respeta su silencio y su breve explicación.  Se le refuerza la idea de que, apenas esté en condiciones, incluya, además del tratamiento farmacológico que ya recibe, una posibilidad de comprensión de los motivos de su depresión mediante psicoterapia de orientación analítica. A las dos semanas, esta persona se incluyó en un grupo de psicoterapia de nuestro programa de Proyección Social, sorprendiéndonos el verla tan pronto con un rostro sonriente.

Hemos tomado como ejemplos casos más bien severos. Los casos más leves giran en torno a recoger desde la propia motivación  y recursos el incentivo y el aliento para su auto recuperación.

Una mujer humilde, de mediana edad, cuenta que tiene una hija a la que violaron hace un tiempo. Esto la afectó, pero se recuperó con ayuda de una amiga que la alentó y rezó por ella.  Ahora viene porque se  ha enterado de que el marido tiene hijos en la calle y ella se ha sentido muy confundida por ello, sin saber qué hacer.  Habla ya casi cerrando el encuentro grupal y dice simplemente “ya he comprendido que voy a poder, ya he podido antes, tengo que luchar nomás...”. Sus ojos tienen una chispita de ilusión. Un miembro del equipo la rodea con el brazo al final, ya saliendo, y la refuerza en sus posibilidades. “Si no puedes sola, aquí está el departamento de Proyección Social y te ayudamos...”.

En el último taller, un colega invitado expresó su sorpresa por la amplitud con que la gente refería sus problemas y la dinámica tan ágil que se daba en los grupos, muy distinta a la que se da en los grupos similares con los que él suele trabajar.

Convinimos en que la gente que viene a los talleres ha pasado por un filtro natural constituido por el programa radial (que es escuchado por un promedio de entre 700 y 800 mil personas). Estos últimos vienen altamente motivados y es desde esta base que trabajamos con mejores posibilidades para lograr nuestros objetivos. Efectivamente, creemos que  la base de todo esto es la motivación.  La magia se produce con sólo estar allí para sostenerla y orientarla. Para ello, nosotros también tenemos motivación y nos sirven tanto el convencimiento como la posibilidad de duda.